Ene 31

La frontera invisible de Internet

Por: Jorge Wejebe Cobo

Las recientes revelaciones aparecidas en un artículo del periódico New York Times el 12 de junio último sobre la creación de sistemas invisibles de acceso a Internet para apoyar “disidentes” en países que Estados Unidos considera enemigos, confirma las denuncias y pruebas presentadas por Cuba sobre la entrega de tecnologías muy parecidas por los servicios especiales estadounidenses a los grupos contrarrevolucionarios internos en la Isla.

El reporte escrito por James Glanz y John Markoff explica que la “Internet invisible” permite el anonimato de los usuarios para trasladar “información conveniente a la política de los EE.UU sin ser descubiertos”. Esa tecnología difumina la frontera en la red de redes entre el espionaje y las actividades de activismo político que realizan los disidentes aliados a la política de Washington.

Explican los especialistas que el programa es financiado con dos millones de dólares y se puede transportar en un maletín y pasar controles fronterizos y confiesan que el periódico obtuvo la información en “docenas de entrevistas, documentos oficiales y cables diplomáticos clasificados”.

Desde hace más de 100 años el principal trofeo para los servicios de contrainteligencia encargados de cazar espías era la ocupación a los investigados de plantas de radio, códigos secretos de uso manual o cualquier medio para recibir o enviar informaciones codificadas a una potencia extranjera, lo cual generalmente convertía en puro trámite el envió del procesado al patíbulo o a la cárcel.

No obstante, las informaciones del New York Times que refieren la “Internet invisible” como una tecnología en desarrollo, ya fue experimentada por lo menos parcialmente, en el espionaje, durante la guerra en Iraq, según recoge el periodista norteamericano Bob Woodward en un libro sobre la planificación y toma de decisiones, por la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA, para la invasión a ese país en 2003, publicado al año siguiente y que incluye testimonios de 75 personajes claves en los acontecimientos.

Woodward le adjudica a un alto ejecutivo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) bajo el seudónimo de “Saúl”, de 43 años e hijo de un mercenario de Playa Girón, ser el estratega de la búsqueda y reclutamiento de agentes dentro de Iraq, y de la utilización masiva de teléfonos satelitales para que los espías trasladaran informaciones sin necesidad de arriesgar a oficiales norteamericanos en su atención directa.

El trabajo práctico lo realizó un comando de 11 oficiales encubiertos de la Agencia Central de Inteligencia, dirigidos por “Tim”, -un ex miembro de las fuerzas especiales experimentado en la atención de agentes “de treinta y mucho y de una sonrisa de estrella de cine”-, y se trasladaron en vehículos todoterreno por los escarpados caminos de las montañas fronterizas de Turquía con Iraq hasta adentrarse en ese país, pocas semanas antes de la invasión, con la misión de diseminar agentes en todo el gobierno iraquí, sus servicios armados y de seguridad y hasta en el mismo círculo íntimo alrededor del Presidente Saddan Hussein.

El grupo contó con un presupuesto de 189 millones de dólares, entregados en varias partidas de billetes de 100 dólares embalados en cajas de cartón que pesaban cientos de kilogramos para pagar a los colaboradores que fueron codificados con el nombre de “Rockstar”, y a los cuales entregaban un teléfono satelital Thuraya, comprados en Arabia Saudita a un precio de 700 dólares y considerados imposibles de interferir por los servicios especiales iraquíes. Todo lo que debían realizar era reportar las informaciones a una estación de recepción, atendida por el equipo de la CIA.

Woodward, quien saltó a la fama mundial junto con su colega Carl Bernstein por investigar y publicitar los secretos del Caso Watergate, explica además que la CIA se hizo de 87 “Rockstar” gracias a la colaboración por el dinero recibido y la sed de venganza de una secta religiosa secreta enemiga del régimen que tenía adeptos en todas las estructuras de poder de Saddan Hussein, incluyendo su círculo interno de seguridad personal y del alto mando de las fuerzas armadas.

Del grupo dejaron de trasmitir 30 informantes, al ser detenido y ocupado el teléfono uno de los colaboradores, quien compareció en la televisión arrepentido, a la vez se alertó que habría amenaza de muerte para quien fuera sorprendido con un equipo Thoraya.

Esto no impidió que la operación fuera considerada como un éxito total por el escritor de referencia, ya que multiplicó exponencialmente las informaciones de inteligencia que obtuvo la CIA previo a la guerra, lo cual llenó de júbilo al propio Presidente George W. Bush, quien ordenó en los primeros momentos del bombardeo contra Iraq un ataque con cohetes a una de las casas donde creían que se estaba Saddan Hussein, según un reporte de un “Rockstar.”

El final de la tarea fue tan perfecto que pone de relieve las costuras de la propaganda realizada por encargo, lo cual no es de extrañar, ya que a Woodward se le considera un escritor muy complaciente y comprometido con los servicios de inteligencia de su país.

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